Pensar bien para vivir mejor

Uriel Escobar Barrios

 

Columnista

La manera cómo piensas determina el destino de tu vida. Esta afirmación se pierde en la memoria del tiempo, hace más de 2500 años ya Buda se la enseñaba a sus seguidores, y a lo largo de la historia muchos filósofos y estudiosos de la condición humana la han utilizado de una u otra manera para hacer referencia a lo mismo: la importancia que tiene nuestra forma de pensar en la construcción del destino. Demostrar la veracidad de este precepto se ha convertido en un reto para investigadores en diferentes partes del mundo. Tiene cada vez mayor aceptación, incluso en las universidades más exigentes, la necesidad de que se estudie la relación e influencia que existe entre funcionamiento corporal y procesos mentales –y, de hecho, se han destinado sumas importantes de dinero para este propósito-.

 Entre la gran cantidad de investigadores que están dedicados de tiempo completo a develar estos misterios, voy a referirme a dos de ellos. El primero es el psicólogo Daniel Goleman, de la Universidad de Rutgers, y el segundo es Richard Davidson,de la Universidad de Wisconsin. En su último libro de divulgación que publicaron conjuntamente, Los beneficios de la meditación (Kairós, 2017), abordan en profundidad los múltiples estudios que se han realizado desde 1970 y que están encaminados a esclarecer estas complejas conexiones. Llegan a la conclusión de que aún falta mucho camino por recorrer para ir develando lo que resulta un mito, pero también lo que es cierto y puede beneficiar al ser humano en este tránsito de su existencia. Davidson realizó un estudio muy interesante, cuyo objetivo era determinar a través del escaneo cerebral cuál era la influencia que tenían los pensamientos en el sistema inmunológico o de defensa orgánica.

 


A los voluntarios que participaron en el estudio se les pidió que recordaran los peores y los mejores momentos de sus vidas y luego se les aplicó una vacuna contra la gripe. Al final de la investigación, se encontró que quienes experimentaron intensas emociones negativas tenían menos anticuerpos, esto es menos defensas para enfrentar las enfermedades. A partir de estos hallazgos, el psicólogo concluyó que “es absolutamente posible que las emociones positivas puedan mejorar la función inmunológica, y por lo mismo las negativas nos hacen más propensos a enfermar”. Lo que Buda y muchos otros maestros nos han enseñado a través de los años, la ciencia lo está tratando de develar y adoptar para mejorar la salud de las personas: se puede influir en la salud y la enfermedad humana a través de nuestras pautas de pensamiento. Piensa positivo y vivirás mejor, esta debería ser nuestra norma de vida
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