La humildad de Jesús La humildad de Jesús (Uriel Escobar Barrios)

Hace 2022 años, probablemente un 21 de agosto, en Belén, una pequeña ciudad de Palestina, nació un niño que fue bautizado con el nombre hebreo Yehosua o Yeshua, que traducido a nuestra lengua es Jesús (el salvador). Son tantas las versiones que se han relatado sobre su vida, producto de tergiversaciones, de tratar de adaptarla a conveniencias religiosas o políticas, que se ha olvidado lo más importante de su venida a este mundo: su mensaje. Jesús ha sido una de las personas que mayor influencia ha tenido sobre el pensamiento de la civilización actual, especialmente en la cultura occidental. Con sus palabras trasmitió siempre verdades universales que han sido mencionadas por otros seres excepcionales que lo antecedieron, como Buda, o por quienes han sido posteriores a su apostolado como es el caso de Santa Teresa de Calcuta y Gandhi.

 


“El que quiera llegar a ser grande entre ustedes será su servidor” (Marcos 11:43). En esta época del año, cuando muchas personas hacen un balance de su vida, quiero hacer referencia a un aspecto central de la predicación de Jesús: la humildad. En Marcos 11:43 hace un llamado a quienes quieran dirigir grupos o comunidades para que depongan sus propios intereses y los coloquen al servicio de los demás. Sin embargo, no solo en este, sino en la mayoría de los mensajes, la humildad ha sido olvidada. Actualmente, muchos dirigentes recorren el camino opuesto: la corrupción y el favorecimiento por cuestiones familiares o políticas se han convertido en un lugar común en las principales noticias de Colombia; un verdadero cáncer que carcome el alma nacional.


Sin ahondar en el análisis, puedo afirmar que en la psicología del corrupto hay una profunda distorsión de los valores éticos y morales que deben regir la conducta de todo ser humano, pero en especial de aquellos que están encargados de vigilar la justa y equitativa distribución de las riquezas o de los recursos que pertenecen al colectivo. Soy un convencido de que estas malas prácticas no serán extirpadas utilizando solo consultas anticorrupción –tenemos un desafortunado evento reciente– o aumentando las penas de cárcel para los infractores. Se necesita, además, una profunda reflexión sobre los valores, la ética y la moral de cada uno de los colombianos, en su relación consigo mismo y con la sociedad.  

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