El ser es la mayor riqueza Uriel Escobar Barrios

Cuando se conoce, se reflexiona y se pone en práctica de dónde venimos y lo que hemos sido, lo más seguro es que se encuentre el verdadero rumbo. Recordemos un poco esta historia evolutiva del ser humano.

 

 

Hace 70 millones de años unos animales pertenecientes al orden de los primates comenzaron a poblar distintas regiones del globo terráqueo. Entre ellos, un grupo comenzó a desarrollar unas características muy particulares: las extremidades posteriores se adaptaron para el desplazamiento, mientras que las anteriores se especializaron en la manipulación de objetos; desarrollaron visión binocular –capacidad para integrar dos imágenes en una sola–; tuvieron un incremento del tamaño del cerebro; y, con el transcurso de los años, comenzaron a vivir en comunidades organizadas.

Estos son los antecedentes de una especie que ha logrado adaptarse a todos los ecosistemas del planeta: el homo sapiens (el hombre que piensa). Ese proceso ha sido exitoso gracias a la emergencia de una facultad que se desplegó de manera superlativa en estos seres: la inteligencia, la capacidad para prever las consecuencias de sus actos y modificar cada una de sus acciones con el objetivo de obtener mejores resultados. Junto con la inteligencia se desarrollaron otras funciones que, en general, se pueden considerar como los procesos cognitivos característicos del ser humano.

 

Hay que tener en cuenta otro aspecto que es fundamental: toda esta capacidad no se hubiera podido concretar si los individuos vivieran de manera aislada; por esta razón, vivir en comunidades organizadas, facultó la distribución de las diferentes actividades y esto permitió la especialización y la experticia de las personas.La lección que nos da la historia evolutiva de la especie humana no la podemos olvidar: los bienes materiales que contribuyen al bienestar de la especie los consiguen los individuos bien sea con su esfuerzo físico o intelectual.

 

 

El ser debe estar por encima de cualquier otra consideración; la mayor riqueza que puede tener el mundo actual es invertir todos los recursos de que se disponga en el bienestar de cada una de las personas. El bienestar colectivo y la verdadera evolución de la especie es posible cuando ponemos al ser en el centro de cualquier política o estrategia de mejoramiento global.

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