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Sin educación no hay progreso- Uriel Escobar, M.D.

El 10 de octubre del 2018 fue un día en el que miles de colombianos pertenecientes a las 32 universidades públicas del país salieron a protestar por la situación financiera que están atravesando estas instituciones de educación superior. Bajo la consigna “la esperanza es la educación” se denunció el déficit de 19 billones que tienen en general las universidades estatales.

 

Según la rectora de la Universidad Nacional, Dolly Montoya, en la institución se hizo un estudio financiero y se encontró que para poder garantizarles el salario a sus empleados así como los demás gastos de funcionamiento hasta diciembre del presente año hacen falta $60.000 millones de pesos; recursos que no pueden conseguirse de otra manera, sino a través de la ayuda estatal. 

 

¿Cuál es el origen de este déficit, que cada día se incrementa más? De acuerdo con voceros de los manifestantes, una de las principales causas radica en la Ley 30 del 28 de diciembre de 1992, “por medio de la cual se organiza el servicio público de la educación superior”; especialmente en los artículos 86 y 87, que establecen los montos anuales. Se dice que el giro de los recursos se ha congelado: hace 25 años se giraban 10.7 millones por estudiante, ¡y en el 2016 este giro pasó a ser de apenas 4.7 millones! El rector de la Universidad del Cauca, que también –como otros rectores– se sumó a esta justa protesta expresa que de 14.000 estudiantes que aspiran a ingresar cada semestre, la universidad por su situación económica solo puede recibir a 1.400, ¡apenas el 10% de los aspirantes!

 

 

Uno de los aspectos centrales de esta crisis es sin duda la poca importancia que ha tenido para gobernantes y legisladores de turno la educación de la población. Han olvidado un principio esencial del desarrollo de los pueblos, cuyos indicadores de buena educación y salud deberían ser sinónimo de desarrollo colectivo; sin embargo, lo que hay es una educación precaria, de mala calidad o sin recursos suficientes, lo cual es una señal de subdesarrollo en los otros renglones de la economía. “La educación es el arma más poderosa que existe para cambiar al mundo”, esta frase de Nelson Mandela es de una claridad contundente. Un interrogante que surge inevitablemente es si a quienes detentan el poder no les conviene o no les interesa un pueblo culto. Luchemos y apoyemos a nuestra universidad pública. Los colombianos tenemos derecho a una educación con calidad y con oportunidades para todos los que habitamos este hermoso país.


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