El sufrimiento creativo. Uriel Escobar, M.D.

En días pasados estaba con un grupo de amigos en una tertulia analizando un tema muy apasionante: el sufrimiento humano. Tomamos como referencia las historias de varias personas que tenían un factor en común: eran consumidores de sustancias psicoactivas, y esta condición los había llevado a ser discriminados, vilipendiados o amenazados de muerte por algunas personas de su entorno. Todos los relatos, en mayor o menor proporción, tenían puntos de convergencia: por un lado, una terrible sensación de dolor por el rechazo por parte de la sociedad; y, por el otro, un sentimiento de rencor hacia el establecimiento social. 

Nuestro análisis derivó en la consideración del sufrimiento en el ser humano, sus orígenes y las principales formas de expresión en la sociedad; finalmente, uno de los contertulios, haciendo referencia a la relación entre sufrimiento y creatividad, expresó: “Nietzsche como creador fue una persona feliz”. ¡Allí sí fue Troya! Algunos de los participantes intervinieron y expusieron sobre la vida atormentada que tuvo este genial filósofo alemán, especialmente durante los últimos 11 años de su existencia. Seguramente, amable lector, usted ha escuchado la expresión coloquial que dice que “de músico, poeta y loco todos tenemos un poco”. ¿Qué significado tiene esta paremia que ha sido repetida a lo largo del tiempo?

 

Lo primero es que la locura siempre se ha asociado a un ser en sufrimiento, aislado, desconectado de su realidad social y con un comportamiento diferente al de las personas que viven en su entorno. El buen músico es el que tiene el talento creador que irrumpe por encima de los esquemas tradicionales de la racionalidad; el poeta, por su parte, simboliza los más profundos sentimientos del amor o de su contraparte, el dolor y el sufrimiento. Esa es una síntesis muy cercana de lo que es el ser humano: una criatura extremadamente compleja, en la que coexisten pensamientos, sentimientos e impulsos contradictorios. Se podría afirmar que en todo acto creativo hay un gran monto de dolor, pero también de alegría, de plenitud. Cuando el artista crea, se conecta con unas dimensiones trascendentales a las cuales no tiene acceso –o por lo menos no es consciente de ello– la mayoría de los seres que viven en “normalidad”.

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