El poder de la palabra - Uriel Escobar Barrios, M.D.

Cuando Dora me llamó telefónicamente, la escuché sumamente angustiada; me imploró que la atendiera lo más rápidamente posible, ya que necesitaba una orientación pues no sabía qué iba a ser de su vida de ahora en adelante. Es una mujer de 61 años, y durante los últimos 20 años la he estado atendiendo por una enfermedad diagnosticada clínicamente como trastorno afectivo bipolar.

Bien, ella había notado que durante las últimas tres semanas se había vuelto más torpe: se estaba tropezando con todo, se sentía ansiosa y tenía un poco de temblor en las manos. Cuando asistió al control de su enfermedad tiroidea, Dora le contó al médico los síntomas que había estado experimentando, y él le preguntó por los medicamentos que estaba tomando.


Tan pronto como ella le dio el nombre del medicamento que el psiquiatra le formulaba desde hacía 16 años, el galeno se llevó las manos a la cabeza y exclamó: “Todo lo que le pasa es por ese medicamento, y esos síntomas son los más leves: espere para que vea cómo le van a salir más y peores. Deje ese medicamento. La enfermedad bipolar no existe, eso está en su cabeza. Practique yoga y verá cómo se mejora sin tener que tomar nada”. Esa sentencia puso la vida de Dora literalmente de cuadritos.

 

Cuando llegó a mi consultorio, me contó todo lo que le había sucedido durante el mes anterior y añadió que se sentía muy ansiosa porque se estaba viendo dos telenovelas nocturnas sobre narcotráfico, cuyo contenido violento le provocaban mucha desazón. 

 

La recomendación que le di fue que dejara de verlas.

 

A la semana siguiente, en su control, llegó diciendo que había sido testigo de un auténtico milagro: ¡todos los síntomas habían desaparecido como por arte de magia! Esta historia quiere decir que las palabras que pronunciamos tienen un gran poder sobre quienes las escuchan, y cuánta mayor influencia ejerza el que las pronuncia, mayores serán los efectos.

 

La palabra puede destruir, pero también construir.

 

Su efecto transformador en el otro tiene que ver con nuestra herencia ancestral: en la historia evolutiva de la especie humana somos seres gregarios y hemos desarrollado una tendencia instintiva que nos liga a figuras con las cuales nos identificamos inconscientemente. El farmaceuta y psicoterapeuta francés Emile Coué, en su libro Afirmaciones y autosugestión, sentó los fundamentos de este fenómeno que se encuentra en la base de toda interacción humana.


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