¿Cómo van tus negocios en Panamá? - Uriel Escobar Barrios, M.D.

Esta pregunta se la están haciendo algunos importantes empresarios en todo el mundo. Pero, no sólo ellos, sino reconocidos políticos, deportistas y gente de la farándula. Todo empezó hace un año cuando el periodista alemán Bastian Obermayer recibió una llamada anónima que le informaba estar en disposición de entregarle, la más  grande filtración de documentos que se tenga noticias hasta el momento.

Después de recoger cerca de 11,5 millones de documentos, finalmente se decidió a publicar con el acompañamiento del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ), el listado de miles de personas en todo el mundo quienes a través de una firma de abogados panameña, Mossack Fonseca, realizan negocios en ese país, algunos con el propósito de evadir impuestos o de lavar dinero obtenido de manera ilícita, aunque hay muchos que no lo hacen de manera fraudulenta, en Colombia son cerca de 850 los involucrados con esta firma. ¿Por qué los evasores actúan de esa manera? Una minoría de personas por fortuna, piensan que los colombianos son “muy vivos y con mucha malicia”. O también utilizan la conocida frase “hecha la ley, hecha la trampa”.

Esta manera de pensar que es nefasta para el actuar ético de los individuos al interior de la sociedad, tiene su origen en el individualismo, en el conseguir las cosas para el beneficio propio, sin importar “a quienes se llevan por delante”,  para alcanzar las metas personales. Cuando una persona vive bajo el precepto de “el fin justifica los medios”, definitivamente está de espaldas a una realidad que debería ser la regla de oro para la convivencia en comunidad: Debe primar por encima de todo el bienestar del colectivo. Porque los humanos somos seres gregarios, de relación, nos debemos al otro, a nuestro semejante.

 

Y cuando anteponemos los intereses personales a los colectivos, estamos sembrando el germen de la desunión, el egoísmo y en últimas la desintegración de la comunidad. Cuando los colombianos pensemos y vivamos con los ideales de igualdad, justicia, solidaridad, respeto absoluto por el otro, habremos dado un paso gigantesco hacia la paz. Esta no se construye en La Habana, ni más faltaba, sino en el interior de cada uno de nosotros cuando seamos conscientes de que la patria es una y nosotros debemos ser gestores de esa unidad.

Artículo publicado en El Diario.


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