Las ambulancias de la muerte - Uriel Escobar Barrios, M.D.

Cuando escucho o pienso en la palabra ambulancia, siempre la asocio con alegría, porque en la época de la niñez llegaban a mi pueblo natal, Repelón, los acordes de tambores interpretados por un grupo folklórico de San Basilio de Palenque que se denomina, Las alegres ambulancias. El nombre hace referencia al acompañamiento que las cantaoras palenqueras hacen del difunto durante nueve días con cantos, rezos y baile. En nuestro medio cuando percibimos el sonido de este vehículo, inmediatamente le cedemos el paso y el herido y sus familiares deben sentir un poco de tranquilidad, al saber que la víctima será llevada a un centro hospitalario.

 

 

Sin embargo, el suceso que les comento a continuación es triste y como médico me produce un gran bochorno. Hace algunos días en una céntrica avenida de Pereira, llegaron simultáneamente dos ambulancias a recoger una persona accidentada, los paramédicos no analizaron el grado de compromiso vital de la víctima, sino que literalmente se “agarraron” a insultos y luego a golpes físicos, para decidir quién de ellos se “ganaba la carrera”. El gerente de una de las empresas afirmó con absoluta desfachatez: “Tengo 15 empleados y debo cubrir la nómina mensual y cómo se han metido al mercado otras empresas que “dañaron” al sector, debemos garantizar el cumplimiento de los costos fijos”. Para ellos el mejor negocio es recoger heridos porque el SOAT (Servicio Obligatorio de Accidentes de Tránsito), les paga $230.000 por cada persona transportada.

 

El incidente refleja de cuerpo entero la crisis del sistema de salud, pero, el análisis debe ir más allá, no es sólo este sector, sino la cultura, el estado el que está “haciendo agua”. Una sociedad que concibe la sacralidad de la vida humana, como un número o cómo “rentabilidad social”, para referirse al funcionamiento de las instituciones hospitalarias, definitivamente debe cambiar de rumbo y regresar hacia donde nunca ha debido migrar, esto es, elaborar cualquier política pública sobre un eje central: El ser humano. Es sobre que tanto bienestar y calidad de vida hemos alcanzado todos y cada uno de los colombianos, desde donde se deben evaluar las acciones exitosas o no, de los gobiernos y la sociedad que vivimos y entregaremos como legado a nuestros descendientes.

Artículo publicado en El Diario.


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